La maternidad que no se cuenta: luces y sombras de los primeros 24 meses de tu bebé
- Silvia Carro San Emeterio
- 25 nov 2025
- 3 Min. de lectura

Cuando ser madre se siente diferente a como te lo contaron
Los primeros dos años de maternidad son una mezcla intensa: amor inmenso, cansancio profundo, dudas constantes y momentos de absoluta ternura. No falla: lo que más pesa no es lo que vives, sino lo que te dijeron que “deberías sentir” o lo que imaginaste que sería este periodo y que ahora se encuentra con limitaciones y dificultades, con miedos recién estrenados y con la inseguridad de estar desempeñando un nuevo rol por primera vez en el que muchas veces no sabes cuál es la reacción perfecta, o aún sabiéndolo, no encuentras la manera de llevarla a cabo con un nivel de energía muy disminuido por las noches sin dormir.
1. Fatiga física y mental en madres de bebés de 0 a 24 meses
Tu cuerpo está cansado, ha experimentado un cambio brutal en los últimos meses y aunque poco a poco puede ir volviendo a su estado original, este retorno no siempre es igual de rápido, ni igual de fácil; viéndose en ocasiones dificultado por las consecuencias del posparto
A nivel mental, la transformación de los roles de pareja, el estado de alerta constante, los horarios fragmentados y la responsabilidad continua activan sistemas de estrés que antes no estaban tan presentes antes de la llegada del bebé y no es inusual sentirse agotada.
2. Ambivalencia: sentir dos cosas a la vez
Puedes amar profundamente a tu bebé... y necesitar urgentemente estar sola. Puedes llorar de agotamiento y sonreír de amor al minuto siguiente. Nada de eso significa que estés fallando.
3. Culpa por “no llegar”
La culpa materna tiene mil formas: por no disfrutar, por necesitar ayuda, por tener días difíciles, por compararte, por estar encontrando dificultades para entenderte con una pareja que hasta la llegada del bebé solía comprenderte mejor. Pero la culpa habla más de la presión social y de las transformaciones estructurales y vitales que son necesarias para afrontar este cambio vital que de tu auténtico valor como madre. Es más, el mero hecho de que no te sientas bien cuando crees no estar alcanzando el ideal, dice mucho de lo más importante: tu disposición para aprender y para encontrar la manera correcta de ayudar a tu bebé y de crear la estructura familiar óptima en la que podáis disfrutar de la crianza como el proyecto compartido que siempre imaginasteis
4. Pérdida temporal de identidad
Tus prioridades cambian, tu tiempo ya no es tuyo, tus ritmos se transforman. Es normal sentir que estás buscándote de nuevo. Ahora toca descubrir ese nuevo yo que ahora es madre, sin olvidar todas las cosas que siempre fueron importantes para ti. Puede que en los primeros momentos encontrar tiempo para dedicarte resulte difícil, pero poco a poco esos ratitos de autonomía irán apareciendo y pueden disfrutarse sin culpa.
Señales de que lo estás haciendo mejor de lo que crees
A veces necesitas que te lo recuerden: respondes a tu bebé incluso agotada; lo sostienes, lo calmas, lo acompañas; te haces preguntas sobre su bienestar, y eso ya habla de tu implicación. Tu presencia, aunque imperfecta, es lo que tu bebé necesita.
Pequeñas prácticas para cuidarte (realistas para madres de 0–2 años)
1. Permítete sentir sin juzgarte.
Ninguna emoción te hace peor madre.
2. Descanso antes que “hacer más”
Dormir un poco puede cambiar tu día entero.
3. Delegar no es fallar
Es cuidar tus recursos internos.
4. Momentos micro para ti
Tres minutos de respiración consciente, un café caliente, una ducha tranquila. Lo pequeño también cuenta.
5. Sostén entre adultos
Hablar con alguien que no te juzga puede aliviar más que cualquier consejo.
¿Cuándo pedir apoyo emocional?
Buscar ayuda no es un signo de debilidad, sino de cuidado hacia ti y hacia tu bebé. Puede ser útil si notas tristeza persistente, ansiedad constante, dificultad para vincularte, sensación de desconexión, llanto frecuente, sobrecarga mental, irritabilidad o aislamiento. La ayuda puede venir de la mano de personas de tu entorno dispuestas e echarte una mano, pero si sientes que con eso no es suficiente, recurrir a un profesional no te convierte en peor madre, si no en una que sabe escuchar sus necesidades y buscar la ayuda necesaria para que éstas se vean resueltas.
Conclusión: No estás sola, y no tienes que poder con todo
La maternidad de los primeros meses y años es exigente, emocional y transformadora. Tu bebé no necesita una madre perfecta: necesita una madre que también se cuide. Pedir ayuda puede ser un acto de amor hacia ti y hacia tu hijo.


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